martes, 8 de julio de 2025

A tomar el té

 


No me gusta mucho cocinar. De hecho, cuando terminando la secundaria y me planteé la posibilidad de estudiar una carrera pensé varias opciones, pero nunca se me cruzó por la cabeza ser cheff o pastelera.

Sin embargo hoy, después de dejar a los chicos en sus clases y una vez que se quedó dormida la más chiquita, me puse a preparar unas pepas para el té. Y así, con las manos en la masa, me di cuenta que estaba disfrutando ese momento. Sin hacer nada más. Sin escuchar un podcast, ni leer un libro, ni ir haciendo listas de pendientes mientras tanto. En general aprovecho el rato obligado en la cocina para hacer otras cosas, pero esta vez no lo preví, así que ahí estaba: enharinada y enmantecada, haciendo bolitas de masa, mientras simplemente la sentía entre mis dedos.

Y cuando levanté la mirada para ver al pájaro que había escuchado cantar afuera, me di cuenta de que estaba gozando. No por el hecho de cocinar en sí, sino más bien por todo lo que trae. El aroma de las galletitas en el horno me encanta. Saborearlas acompañadas de una gran taza de café con leche, es fantástico. Pero sobre todo, la alegría de los chicos cuando llegan a casa y las ven, porque ellos ven más allá: al ver las galletitas todavía tibias sobre la mesa lo que piensan es: “mamá nos estaba esperando”.

No fue por ahorrar unos pesos, ni por darles “alimento saludable”, ni por demostrarle a nadie que se puede, ni por imitar a algún ícono de las redes sociales, ni por nada más que por ellos. Fue, -sin darme cuenta- “solamente” para que sonrían sus corazones cuando vuelvan a casa.

Esto me hace pensar en que hemos perdido la noción del don desinteresado, y el gozo que produce. Tanto buscamos realizarnos personalmente, estar bien con uno mismo, cumplir sueños y metas que no nos damos cuenta de que tenemos una felicidad muy grande al alcance de la mano y es en la entrega. Y no hace falta apuntarnos en la Cruz Roja, ni adoptar una docena de niños de África. Lo tenemos al alcance de la mano. A cada rato tenemos oportunidades de darnos a los demás. Y si prestamos atención, veremos que a cada rato recibimos también entrega desinteresada.

 

Bueno eh, ¿quién quiere venir a lavar los platos?

2 comentarios:

  1. ¡Qué bueno, Rochi ! me hiciste pensar... dar...sin esperar retorno ... la gratuidad...dar...porque sí... y a corazón lleno. Y seguro que uno recibe ! ¡Qué precio incalculable habrá tenido el ver las caras felices de tus hijos !

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