miércoles, 21 de septiembre de 2016

Primavera


Era invierno cuando se fue a dormir. Pero amaneció primavera. Porque gracias a Dios, las copas vacías de los árboles, los pies congelados, las mil capas de ropa y los días que comienzan de noche y el frío que pincha las orejas no son para siempre. Él lo pensó todo de manera tal que siempre el crudo invierno devenga primavera. 
Amaneció. Y allí estaban los azares del naranjo recordándole al Principito: "es el tiempo que pasaste con tu Rosa lo q la hace importante". Un crudo invierno. Tres meses nomás. Intensos. Con sus momentos lindos, de chocolate caliente y chimeneas chisporroteando charla. Y después primavera.
Primavera que ríe, esperanzada y serena. Lapachos florecidos, frutillas como rubíes, brotes lustrosos de verde nuevo. Mates vespertinos en el balcón, contemplando un naranjo que se prepara para dar fruto el próximo invierno.


sábado, 23 de julio de 2016

Hijo

Tiene la forma de mis ojos, y tu boca.
Plácido y despatarrado, con los bracitos levantados y los puñitos cerrados descansa feliz. Yo lo miro, asomada en su cuna y él sonríe entre sueños. Cada tanto los bracitos se alborotan, y nuevamente la calma. Sueña, quien sabe qué cosas...quizás sueña que se hamaca y toca la copa de un árbol con los pies, que galopa en un caballo de calesita o que juega con su abuelo al ajedrez... Descansa con la paz de quien se sabe querido y protegido.
Cuánta fragilidad y entereza a la vez. Tan pequeño, tan propio y tan otro a la vez.
Asomada a su cuna, veo la grandeza de Dios que nos da vida y nos deja participar de su creación. Nosotros, tan nada, tenemos que guiarlo al Cielo. A nosotros nos toca enseñarte ¡tantas cosas y tan pocas! Que la verdad no se negocia, a disfrutar de la belleza de un jacarandá florecido, a descubrir la bondad de nuestro Dios
en cada cosa...
Afuera el viento tararea rondas infantiles que escuchan embelesadas, las estrellas.
La luna disfruta sus últimas horas de reinado sideral. Pronto vendrá el sol.
Yo lo miro, asomada a su cuna y el sonríe dormido.

viernes, 22 de abril de 2016

In memoriam

Almorzaba sola -"pantallita" en mano, por supuesto- cuando un silbido afinado y alegre que venía de la calle me hizo volver a la realidad. Di un salto y me asomé por la ventana. Esperaba verlo. Busqué sus cinco pelos locos y blancos peinados con gomina, sus ojos expresivos de color indefinido y que habían visto tanto, y ese porte de caballero recto que mantenía a pesar de los años... Pero no estaba.
Quise entonces visitarlo. Entré en la casa, saludé y miré al sillón. Quizás estuviera viendo un partido de tenis, leyendo el diario o conversando... Creí verlo dormido, con el diario entre las manos y los anteojos puestos, como tantas veces. Pero no, hoy no... Seguí entonces directo al escritorio ¡seguro estaba ahí! Entré despacio. Las pilitas ordenadas de libros llenos de papelitos seguían ahí. Las estampitas, algunas fotos, el cenicero del león y la lata de aire de París, una lámpara, bibliotecas y más bibliotequitas... Todo ordenado, cada cosa en su sitio. Pero él no estaba.
Volví a casa, un poco triste les confieso. Entré, cerré la puerta, y otra vez ese silbido alegre, claro y entonado.¿De dónde venía? Miré a mi alrededor. Vi mis pilas de libros, llenas de papelitos. Me vi esperando un niño que va a ser su bisnieto. Vi en la pila de cosas para corregir, un humilde intento de transmitir a mis alumnos tantas cosas que aprendí de él. La vida y la muerte, la providencia, el valor de la vida humana que es don de Dios, la rectitud de conciencia, "si si, no no". Ahí sí estaba, presente en sus enseñanzas, hasta que cuando Dios quiera, volvamos a encontrarnos en el Cielo, donde hay tantas moradas.