sábado, 23 de julio de 2016

Hijo

Tiene la forma de mis ojos, y tu boca.
Plácido y despatarrado, con los bracitos levantados y los puñitos cerrados descansa feliz. Yo lo miro, asomada en su cuna y él sonríe entre sueños. Cada tanto los bracitos se alborotan, y nuevamente la calma. Sueña, quien sabe qué cosas...quizás sueña que se hamaca y toca la copa de un árbol con los pies, que galopa en un caballo de calesita o que juega con su abuelo al ajedrez... Descansa con la paz de quien se sabe querido y protegido.
Cuánta fragilidad y entereza a la vez. Tan pequeño, tan propio y tan otro a la vez.
Asomada a su cuna, veo la grandeza de Dios que nos da vida y nos deja participar de su creación. Nosotros, tan nada, tenemos que guiarlo al Cielo. A nosotros nos toca enseñarte ¡tantas cosas y tan pocas! Que la verdad no se negocia, a disfrutar de la belleza de un jacarandá florecido, a descubrir la bondad de nuestro Dios
en cada cosa...
Afuera el viento tararea rondas infantiles que escuchan embelesadas, las estrellas.
La luna disfruta sus últimas horas de reinado sideral. Pronto vendrá el sol.
Yo lo miro, asomada a su cuna y el sonríe dormido.