Salí a comprar papas después del mediodía. Para la comida de la noche, así dejo encaminado todo con tiempo, porque el atardecer es un baile: entre baños, pijamas, tareas y alguna pelea.. y hacer un hueco para el rosario en familia, en fin...
Andando, pase por una esquina de por acá donde venden antigüedades, muebles y algunos libros viejos que siempre tiene mezclados por ahí, de esos marroncitos con olor a historias eternas. Es una esquina que me encanta mirar a esa hora, porque le da todo el sol en sus paredes bordeaux, y se cuela por la puerta. Cosas lindas que todavía conserva mi pueblo. Me acordé que ando necesitando una lecherita, asiq entré. Estuve un rato mirando cuadros, tacitas, lámparas, y porsupuesto libros.
Después de un poco de charla amable con la dueña, volví a casa con la lecherita, que no es la que me imaginaba pero sirve: gordita y panzona, para no tener que andar rellenando cada dos por tres. Y con la consabida pilita de libros, claro. Feliz con mis hallazgos: poesía criolla, unas adaptaciones de leyendas de wagner para chicos y alguno más...
¿Y las papas señora? Aahh ¡las papas! Bueno, esta noche será con arroz.

Muuy buenooo!! El arroz con buenas lecturas es menos arroz.
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