domingo, 9 de agosto de 2020
Hildegarda
Llegó una mañana de octubre, siendo pequeñitas ella yo, y mirándome crecer se quedó petisa.
Su madera rayada por mis manos infantiles me acompaña hace más de 20 años. Y donde estemos juntas me siento como en casa.
Es un poco tímida. No anda haciéndose notar, y espera paciente sus ratos de gloria solitaria.
Su caja es arcon de mi vida hecha canto. Compañera de noches de insomnio, canciones de cuna y charlas con la luna, de tardes de lluvia y caminos errantes. Cada tanto nos sentamos y vibrante, cuenta con sus cuerdas historias de muy adentro.
miércoles, 22 de julio de 2020
Conversación de medianoche
Insomnio. O algo así.
Los libros desparramados en la mesa reclaman mi atención. El mate calentito me acompaña y mancha algunas hojas descaradamente, como queriendo dejar huella de su presencia esta noche. Marx, liberales de no sé bien qué época, un Papa y varios personajes ilustres desfilan por la cocina. El primero, se sienta sin que nadie lo invite en la silla que sobra, y así como si nada, empieza a comer cosas de mi heladera. Descarado. Claro, hay que mantener esa pancita, pienso. Pero no le digo nada. No hace falta. Ahí entra von Mises, que le reprocha, informándole lo caro que salió todo lo que devora, y qué se piensa, tomando cosas que no le pertenecen, y si la libertad es libre... Se ensartan en una discusión que sinceramente, no quiero escuchar. Hablan de trabajo, de capital, de libertad, pésimamente entendida según pienso, y de palabras que a estas horas y en estas circunstancias suenan metálicas y pinchudas. Mientras tanto, mi heladera se sigue vaciando, y ahora son dos los que se ocupan de ello.
Cansada de escucharlos, recuerdo que en algún lugar está escondida esa cervecita que guardamos para momentos especiales. La busco y la destapo. El pssssssst de la chapita separándose de la botella se escucha por sobre sus voces y ambos quedan callados. Sirvo cuatro vasos. Ellos se preguntan para quién es el cuarto. Para Pío XII por supuesto.
Pasamos al living y lo encuentran sentadito en el sillón. Ambos, por un instante se imaginan tomándolo del cuello, gritándole todas sus teorías absurdas, dibujan en su mente piñas y patadas voladoras. Pero Pío levanta su diestra papal con majestuosidad, y ellos se sientan calladitos con su cerveza. Gracias a Dios, pienso. Y lo dejo hablar. Comienza explicando el concepto de bien común, luego los principios de subsidiariedad y de solidaridad, el origen y el sentido del estado, y así. Asombrada, me doy cuenta que a medida que se multiplican las palabras de este gran hombre, se van desdibujando las siluetas de los otros dos. Poco a poco se van esfumando, comenzando con los pies, las rodillas el tronco…
De un momento a otro, han desaparecido dejando sobre la mesa sus vasos de cerveza casi vacíos y todavía transpirados. Sólo quedamos Su Santidad y yo.“ Hija mía, ya es hora de que vayas a dormir. Si me hubieran escuchado antes, no hubieran hecho tanto daño. Complicaron mucho las cosas,sabes… pero quédate tranquila que el triunfo no es de ellos. Te dejo mi bendición: In Nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. Gracias por la cervecita, rezá tus oraciones y descansa.”
lunes, 20 de julio de 2020
Fidelidad
Noble. Fiel. Por sobre todas las cosas, fiel. Con la mirada siempre hacia lo alto, y la sonrisa fresca, de cara al sol. Corazón enamorado de grandes ideales.
La generosidad a flor de piel.
Su naturaleza era fuego, como aquella de la que tanto habíamos aprendido.
Pocos son los verdaderos amigos, y ella es una de esas. Todavía la encuentro a veces en.la espuma de un café, en las estrofas de algunas canciones, en esa boina vieja y desteñida, en montañas nevadas y en las cuentas del Rosario.
lunes, 16 de marzo de 2020
Cielo de libros
Cuando era chica me pasaba horas y horas imaginando. Historias, personas, situaciones y lugares. Me encantaba imaginar el Cielo, que tenía que ser el mejor lugar que uno pudiera soñar. Una biblioteca inmensa con las paredes repletas de buenos libros de todos los colores hasta el techo, ventanales inmensos a bosques y jardines, escaleras en rieles, comodos sillones y serena paz.
Disfrutaba mucho las tardes leyendo tirada en el sillón de casa. Momentos impagables que me brindaron la escolaridad simple y la vasta biblioteca paterna.
viernes, 13 de marzo de 2020
Reencuentro
Levantó la vista del libro y la vio por la ventana. Nívea, luminosa, inmóvil y pacífica. Allí estaba y había estado tantas noches. Los grillos le cantaban a coro. Se dio cuenta de que el trajín diario, las mil cosas -y ninguna- ocupando su cabeza, habían hecho que perdiera la costumbre de entablar conversaciones con la Luna. Y eso que la Reina de los astros seguía esperándola.. cerró el libro y apagó la luz, para verla mejor. Quedó un rato quieta, con los ojos bien abiertos y el corazón atento, contemplándola a través de los árboles.¡Tanto tiempo había pasado! Pero en seguida la charla fluyó como si nada. Porque así son las verdaderas amistades.
jueves, 14 de noviembre de 2019
Mi Buenos Aires querido
Esta vez no es cuestión de hacia donde vamos, sino de lo que uno deja.
Quizas el que no es porteño -por nacimiento o por elección- no pueda comprender jamás esta singular nostalgia. Y es que cuando uno se aleja de esta loca ciudad, extraña muchas cosas.
La Avenida de Mayo, con sus mesas de saldos de libros viejos, nuevos o usados, escoltadas y custodiadas por señores plátanos que con su sombra protegen un tesoro, y ese placer de revolver hasta encontrar algo q valga la pena y terminar con los dedos grises, camino a casa con bolsita de plástico en mano, repleta de libros.
Los clásicos cafecitos.. no digo los de azulejos de subte, amueblados en madera y hierro, con musica zen de fondo y potus colgados por doquier, llenos de barbudos con anteojos y chupines que degustan su latte con croissants o budin vegano. No, no. El cafecito porteño, el de «un café y tres medialunas, por favor» , «como no. Quiere el diario?» y en la mesa de al lado un «buen día señor Luis, ¿lo de siempre? » «¿Que haces Román? Dale, gracias.»
Y la torre de los ingleses, la plaza San Martín teñida de jacaranda en noviembre, la Basílica del convento de Santo Domingo y su camarin de la Virgen que tantas veces me recibió, de chiquita y de grande. Y esas callecitas empedradas de San Telmo, que suenan a tango y milonga, a recreo de birrita y puchos compartidos.
Y la luna, Reina del Plata que asoma majestuosa detras de la torre del Palacio de Aguas que se ve desde un balcón florido.
lunes, 1 de julio de 2019
Abandono
Frágil. Un movimiento en falso puede derribar su cuerpo. Siente ese miedo que invade cuando nos damos cuenta de que no somos dueños de nada. Ni de nuestra vida, ni de nuestro cuerpo ni de nada.
Tan fuerte había sido hasta ayer. Iba a donde quería, volvía como quería. Hacía deporte, corría, discutía. A él nadie le daba indicaciones. Y de pronto, un soplo. La vida que pasa.
Un vendaval sacude todo, y el arbolito se aferra como puede con sus raices a la Tierra. Al suelo que lo vio nacer. Temblando todavía, abraza con sus ramitas las ramas de los grandes que tiene a su alrededor. Él, que se creía omnipotente.
El viento cambia a suave brisa y se lleva por los aires semillas del arbolito. Calma. Donación y entrega.
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