En mi barrio hay una casa que van a demoler. Otra de tantas... Es una historia que se repite bastante, porque cada vez es menos la gente que vive en casas con alma y jardín.
No es una joya arquitectónica, pero para los que conocen el arte de la atención, guarda en sus rincones detalles y guiños que cuentan la historia de una familia.
Hace meses está sola, esperando que se cumpla su sentencia de muerte. No debe ser fácil vivir así, esperando que una bobcat arrolladora termine con su vida, sin más. Sé que el sol de la mañana la visita cada día y echa un poco de luz en su interior, sediento de la claridad sonora de antaño.
Y yo, cada vez que paso la miro y la saludo. E imagino las risas de todos los niños que la habitaron, la ropa al sol, la pava calentita para un mate abajo de la glicina.
Hoy la miré queriendo escucharla, como tantas veces, y vi la santa Rita florecida. No sé si es época, y no creo que nadie la riegue. Pero floreció. Para nadie, o para todos. Porque lo tenía dentro nomás.
martes, 23 de junio de 2026
Santa Rita, Santa Rita...
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¡Tan cierto!
ResponderEliminarLindisimo!!!
ResponderEliminarY algunas veces cuando uno pasa, cree oir una voz que pacientemente repite: "a ver qué tenés para mañana?"Y todas las otras voces, las que tantas veces fueron a la maestra particular van respondiendo: matemática, lengua, un trabajo para plástica...etc. etc. etc.
ResponderEliminar¡Lindísimo!
ResponderEliminarMuy bueno. Touché.
ResponderEliminarComparto.. El sentir, nada menos.
ResponderEliminarPara mí son unos niñitos agachándose en el portón para ver si de verdad es la abuela la que llegó 🙃
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