jueves, 25 de junio de 2026

Invierno

 Oro, brasa, cobre, rubí. 
Avanzo en silencio, como flotando, para no romper el encanto. No quiero que me escuchen y se difumine la maravilla. Allí están los elegantes señores Liquidambar , los siempre jóvenes Fresnos Dorados, las Casuarinas de pie, todas juntas y prolijas a un costado, la bellísima Dama del Gkingo, y el imponente y majestuoso Roble, que es sin dudas el señor y anfitrión en esta tertulia. Los pájaros conversan y el viento se divierte paseando suavemente las hojas de unos y otros de aquí para allá. En la calle no hay nadie, estarán todos en la escuela, en el trabajo, o en casa, cerquita de una chimenea, porque el Frío está llegando. 
Los miro a cierta distancia. No hay dudas, están celebrando una fiesta. Una fiesta armoniosa y elegante. Toman algo caliente, me parece que es té. Y bailan, por supuesto, con movimientos calmos y alegres. Es la fiesta en la que se despiden todos de sus ropajes lujosos y se abre la puerta del Invierno. 
El Frío llega en un trineo, cargado de mantas, ricas sopas, chispas como estrellas, tortas tibias de manzana y tés para compartir, vapor para que los chicos dibujen en las ventanas y cosquillas heladas para las narices.

Y ellos hacen lugar entre sus ramas, para que podamos ver el Cielo a través de ellas y no perdamos la esperanza. 






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